La infoxicación[1] también denominada infosicación o infobesidad, refiere a esa exposición, que llega a ser tóxica, dañina, a la que el ser humano se enfrenta producto de un exceso de información y datos que se generan en la era digital[2]. Hoy en día, ninguna persona está exenta de verse atiborrada de anuncios, videos, audios, mensajes, memes, fotografías y demás, que al contrario de lo que se podría pensar que mantiene a la sociedad informada, nos sumerge en una estela de desinformación e incertidumbre que puede ocasionar incluso problemas psicológicos.
Ya lo dice, acertadamente, el artículo “Infoxicación: cómo
combatir el exceso de información” de la página web Psicología y Mente:
El exceso de información de cualquier tipo puede generar
estrés y tener consecuencias a nivel funcional. Especialmente, con la llegada
de las nuevas tecnologías, hacer un «click» ofrece la posibilidad de estar en
permanente conexión con la información.
La inmediatez con la que accedemos a cualquier tipo de
fuente nos abre las puertas a una dimensión infinita. Cada movimiento conduce a
un espacio virtual distinto, siempre existe una posibilidad por explorar. El
mundo cambia constantemente. En un segundo algo empieza y algo termina. La gran
pregunta es: ¿hasta dónde queremos estar informados?”
Y, ¿hasta dónde nos informamos? Estar hiperconectados, sí,
puede agotarnos psicológicamente. Además, la sensación de acumular cada vez
más mensajes por responder, más links por consultar, más conversaciones por
participar, puede generar una sensación de auténtica saturación[3]
Frente a esta oleada de datos e información digital, la
función del archivero es imprescindible. Sin él, nos veríamos avocados a sufrir,
aun cuando suene un tanto dramático, de una indigestión mental que puede
ocasionar, como ya lo hemos mencionado, problemas psicológicos al sentirnos
abrumados por una sobredosis de información que no nos permite razonar con
fluidez.
Pero de nada, o de muy poco, sirve la labor del archivero
pacato, ese que se resiste al cambio y que espera mantenerse a flote sobre la
barca de sus conocimientos primarios. Si bien esa barca es importante y es
sobre la cual se han estructurado los renovados conocimientos acerca de la
archivística, ya no es suficiente frente al inconmensurable mar de datos e
información que acompañan a los documentos electrónicos.
Entonces, el “archivero de hoy”, para poder embarcarse sobre
la corriente de la posmodernidad[4], y
que se mueve de manera veloz a una metamodernidad[5],
debe verse así mismo tanto como un nutricionista de la información, así como un
ecologista digital. A sus funciones primordiales, debe sumar algunas de las aportaciones
de estas dos disciplinas, con la finalidad de gestionar los datos e información
de manera acertada.
Tomando como punto de partida, podemos mencionar que el
“archivero de hoy” debe velar por clasificar, organizar, describir, conservar, así
como seleccionar y eliminar documentos (actividades todas ellas de la
archivística tradicional) pero, además, debe gestionar de igual forma la
información y datos que arroja la era digital. Debe, por lo tanto, también
debatir, discernir y establecer estrategias para gestionar toda aquella
información que produce ruido, esa información basura.
Acorde a lo que nos menciona Ángeles Carbajal Azcona,
citando a Grande Covián, en su “Manual de Nutrición y Dietética” se define a la
nutrición “como el conjunto de procesos mediante los cuales el hombre ingiere,
absorbe, transforma y utiliza las sustancias que se encuentran en los alimentos”[6].
Así mismo, esta debe cumplir con cuatro objetivos: “1. Suministrar energía para
el mantenimiento de sus funciones y actividades, 2. Aportar materiales para la
formación, crecimiento y reparación de las estructuras corporales y para la
reproducción, 3. Suministrar las sustancias necesarias para regular los
procesos metabólicos, y 4. Reducir el riesgo de algunas enfermedades.”[7]
Llevando estos conceptos y objetivos al ámbito archivístico
de la era digital, el profesional de archivos debe propender a que, a través de
su labor, la sociedad pueda ingerir, absorber, transformar y emplear todos
aquellos datos e información contenida en la red, de manera nutritiva. Y tal
como lo refiere Carbajal, esta nutrición, conlleve a dotarle, a la sociedad, de
energía (asumiendo que a través de la lectura de información relevante y
rechazo de la que puede generar ruido, el ser humano pueda cultivar su mente),
ser un aporte para su formación intelectual y su crecimiento personal, ayudarlo
a asimilar y transformar los datos e información digital y de esta manera
evitar el consumo de información en exceso que produce la denominada
infoxicación.
Por su parte, haciendo el ejercicio de reflejarse frente al
espejo de los ecologistas, el archivero también debe buscar maneras de emular
su militancia. Y una de las actividades que se realiza en pro de la salvaguarda
del medio ambiente, es el gestionamiento de residuos.
Acorde a lo que nos dicen Andrea Castañeda, Adrián Correa y
Sara Ortiz en su tesis “Estrategias para disminuir las cargas de residuos
sólidos dispuestos en los rellenos sanitarios del departamento Antioquia como
fomento de la responsabilidad socio ambiental” citando a Tchobanoglous, “los
residuos sólidos son […] materiales sólidos y algunos líquidos que se desechan
por estar gastados, terminar su vida útil o no tener valor”[8]
que, al “recibir una gestión integral
desde su lugar de generación, recolección, separación y procesamiento pueden
ser reducidos, reciclados, transformados, y dispuestos de una mejor manera”.[9]
Acotan además que algunos de estos residuos que han cumplido con su vida útil
tienen “un valor adicional, puesto que en su mayoría son aptos para el
reaprovechamiento o transformación en un proceso de reciclado.”
Esta analogía sirve para ejemplificar lo que, considero, se
debe hacer con la avalancha de datos e información digital. Una vez los datos e
información han cumplido con su finalidad pueden tener dos fines, o desecharlos
ya que no cumplen ninguna función o a su vez conservarlos, pero para ello,
deben ser recolectados, seleccionados, procesados para definir posteriormente
cuales permanecerán a disposición de la sociedad acorde a sus necesidades.
Es aquí donde el archivero nuevamente hace acto de
presencia. Es quien debe encargarse de gestionar toda esta cantidad de
información que no siempre es, como ya lo hemos mencionado, nutritiva.
Entonces, realizará acciones y planeará políticas y estrategias para recolectar
la información y datos en general, se ayudará posiblemente de las tecnologías
parar efectuar selecciones masivas y finalmente, procesará la información, esto
es, o desechará lo que no aporta para evitar la infoxicación o conservará lo
trascendental.
Como podemos apreciar, la función del “archivero de hoy” es
imprescindible y aporta enormemente a la construcción de los legados que las
empresas (de cualquier índole, pública, privada, estatal, personal, la empresa
familia…) dejan a posteriori. Como profesionales del ámbito archivístico es
necesario que caminemos junto a las tecnologías (o por lo menos no con tan
atrasados) y sirviéndonos de ellas, debemos capacitarnos, vincularnos, debatir
y ser partícipes activos en los cambios que implica ser parte del accionar en
esta era de la información y el bigdata.
Bibliografía
Br, Dra. «La metamodernidad | DRA. BRAND | La nueva forma de ver el mundo». DRA. BRAND, 24 de abril de 2020. https://mariajosebarragan.com/la-metamodernidad/.
Castañeda, Andrea, Adrian Correa, y Sara Ortiz. «Estrategias para disminuir las cargas de residuos sólidos dispuestos en los rellenos sanitarios del departamento Antioquia como fomento de la responsabilidad socio ambiental». Corporación Universitaria Minuto de Dios, 2015.
Fernández, Virginia. «Infosicación o infoxicación... Pero menos». Por una educación transformadora, 2011.
«Infoxicación: cómo combatir el exceso de información», 3 de marzo de 2017. https://psicologiaymente.com/social/infoxicacion.
«“infoxicación”, neologismo adecuado en español | Fundéu». Accedido 30 de junio de 2021. https://www.fundeu.es/recomendacion/infoxicacion-neologismo-adecuado-en-espanol-1279/.
[1] «“infoxicación”, neologismo adecuado en español | Fundéu», accedido 30 de junio de 2021, https://www.fundeu.es/recomendacion/infoxicacion-neologismo-adecuado-en-espanol-1279/.
[2] Virginia Fernández, «Infosicación o infoxicación... Pero menos», Por una educación transformadora, 2011.
[3] «Infoxicación: cómo combatir el exceso de información», 3 de marzo de 2017, https://psicologiaymente.com/social/infoxicacion.
[4] Dra Br, «La metamodernidad | DRA. BRAND | La nueva forma de ver el mundo», DRA. BRAND, 24 de abril de 2020, https://mariajosebarragan.com/la-metamodernidad/. A decir de María José Barragán en el artículo De la modernidad a la metamodernidad de su blog “Dra. Brand” es el “campo de pensamiento crítico que se ha gestado desde las ciencias sociales y las humanidades durante el siglo pasado y que se ha apoderado de las universidades y los movimientos sociales actuales” en el que “el ser humano se encuentra totalmente controlado por fuerzas que escapan a sus capacidades de decisión” (posiblemente por este exceso de información que más bien desinforma)
[5] Ibid. En la metamodernidad, acorde a lo que nos dice Barragán, “el ser humano se encuentran en un viaje oscilante hacia una mayor complejidad existencial cuyo objetivo es la mejora en todos los aspectos de la vida”.
[6] Ángeles Carbajal Azcona, «Manual de Nutrición y Dietética», s. f., 367.
[7] Ibid.
[8] Andrea Castañeda, Adrian Correa, y Sara Ortiz, «Estrategias para disminuir las cargas de residuos sólidos dispuestos en los rellenos sanitarios del departamento Antioquia como fomento de la responsabilidad socio ambiental» (Corporación Universitaria Minuto de Dios, 2015).
[9] Ibid.

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