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Del MUNA y sus demonios







A pocos días de cumplirse un mes de la inauguración del tan esperado (por benefactores, bienhechores, detractores, críticos envidiosos y simpatizantes)  Museo Nacional logré hacer un pequeño espacio, dejando a un lado las transformaciones laborales y sus intrínsecos papeleos, para visitarlo (de pasadita) mientras hacia tiempo para asistir a otros compromisos pendientes.

Y es que la curiosidad me escocía las entrañas, no por la campaña mediática del MUNA, si no, por el dime y direte que se entrecolaba  en mis redes interactivas gracias a amigos, a "amigos" y a no amigos que posteaban sus experiencias positivas y negativas entorno del museo.

Luego de un paso fugaz, de aproximadamente una hora (efectivamente la hora más corta de la historia), son varias las percepciones sentidas en torno a esta institución cultural que se abre paso, tal vez de manera incomprendida, en un mundo de globalización, memes y expertos opinólogos (incluida quien suscribe).

Antes que nada.... Es muy probable que una de las cosas que deben envidiar otros museos es que a este, el público tiene que volver porque  tiene que volver. De lo contrario, o arma un plan de unas 3 o 4 horas acompañado única y exclusivamente  por un experto mediador que brinde guianzas especializadas, o si no se va sin comprender casi o casi que casi nada. Eso sí, tomándose las acostumbradas selfies que acrediten su participación cultural y emotiva, en el anhelado "catalizador de pluris, multis y soberanías".

Pero entonces, iniciemos el recorrido a través de una consabida  mirada "imparcial" ¿? y sarcástica que tiende a, maldita sea, caracterizarme...

Empecemos por el principio. Como no fue algo planeado y como ya lo había mencionado, pocas horas más tarde tenia algo sí que spseudo planeado, vime entrando un tanto ataviada y elegante, a no ser la mochila que me acompañaba. Inmediatamente las señoritas de la recepción se presentaron prestas a darme las respectivas indicaciones antes de iniciar mi periplo... Con mapa en mano, una de ellas  iba y venía señalando  con un esferográfico 
en un brochure, por cada sitio por el que debía movilizarme. Mientras me contaba todo lo que encontraría y como estaba distribuido recordé que aún mantenía colgado al cuello el gafete de servidora pública de otro museo, que me delataría en mi visita bajo perfil como común de los mortales, libre de crítica curatorial, museográfica, consevacionista, y de rompepelotas.

Sutilmente como quien no quiere la cosa retiré mi credencial y con ella todas las trabas del "buen profesional". Como mencioné, no fui como cualquier cosita, por ello creo, la señorita se ofreció incluso acompañar mi visita. Le comenté que no disponía de mucho tiempo pero que sí deseaba su guianza.

Entonces todo empezó. O no... Antes de adentrarnos a las salas, nos estacionamos en una especie de círculo de imágenes proyectadas, simpática instalación (muchos años después de este relato supe que su costo fue astronómico y que al parecer ya lo desmantelaron). Mientras miraba las imágenes un silencio incómodo se avecinaba entre público y mediador... ella sin qué decir, yo sin qué escuchar.

Posteriormente nos dirigimos a la primera sala. Interesante, luego a la segunda. Muy interesante. Después a la tercera. También interesante.

Ahí tuve que hacer un corte y darme cuenta que había gastado casi todo el tiempo del que disponía y ni siquiera salía de la primera planta. Entonces le dije a mi lazarilla que vayamos un "poco bastante más rápido",  únicamente para tener una idea de lo que había y en otra ocasión, con más tiempo y sin vendas y bastón, saber donde ir.

Cuando me dirigí al ultimo habitáculo del primer y medio piso donde lo primero que te señalan es el tan famoso sol de La Tolita (mientas uno se maravilla con otras piezas) esperaba poder seguir con el recorrido pero ¡oh! sorpresa, para continuar la visita debía ir por sobre mis pasos para acceder al segundo piso. Al parecer cosas de habitats (referencia sarcástica al evento de Habitat III que se llevó a cabo antes de que se inaugure el "renovado" museo) y demás me supieron decir.

Para este momento mi acompañante-guía estaba más preocupada que yo de mi tiempo y al parecer deseaba terminar ahí su trabajo, pero le pedí me acompañase en un recorrido precoz a los otros pisos y así lo hicimos. Brevemente me explicaba de una u otra obra, de como unas hablaban con las otras, de como se encontraba lo femenino en contraposición de lo masculino.... etece etece.

A continuación, pasamos al área lúdica. Haciendo una pausa sugerente mi guía me comentaba que todos paran ahí para la respectiva selfie e interacción...  yo en cambio aligeraba el paso sugerentemente a otra sala, en vista de que no me parecía oportuno el tomar registro de un foreveralone.

Las siguientes salas en la lista son dos temporales que miré desde fuera, como si de fisgonear se trata el asunto. Muy coloridas y animosas se presentaban frente a mí, probablemente por ellas regresaré pronto (no fue el caso), ya que al parecer estarán hasta diciembre.

Luego de esta larguísima introducción voy a las conclusiones evitando decir mucho y a la vez gritándolo todo,  con la finalidad de que aquel que se haya atrevido llegar a estas líneas, no tenga idea concreta de lo que se enfrenta en el MUNA, sino que, sea el anzuelo para que vaya y experimente....

Y es que ese es otro de los plus del MUNA.  El sacar una experiencia. Buena, mala,  bochornosa, investigativa, amistosa, casual, pluri, multi y  soberana, divertente.... La idea es remover y creo que lo ha logrado.

También se ha puesto en duda su carácter de museo nacional.... Ya sea porque no se encuentra una cronología  (queeee????) O porque se presenta muy arraigado el indigenismo (pensamiento que comparto. Parece una oda al indígena) y no las comunidades afro que son poco representadas (de acuerdo en parte) o porque los curadores y museógrafos han dispuesto las obras de tal manera que se encuentra arte colonial convergiendo con el republicano e incluso el moderno y contemporáneo con los otros, (haciendo uso de un recurso en extremo interesante y de reflexión llamado dialéctica) y ¿esto rompe lo que un museo nacional debe presentar?

Pero y no sería mejor romper con la idea arcaica (si es así que es un museo nacional o simplemente hemos mal interpretado el concepto) de museo nacional? Y dejar de querer todo desmenuzado para poder hacer buena digestión? Creo que el MUNA apostó relativamente bien a su puesta en escena, tal vez requiera a futuro uno que otro ajuste, dentro de los cuales incluir también a los mestizos que estamos y no estamos y a otros colectivos y grupos sociales que se los vio de refilón, pero de los que hay suficiente tela que cortar y que esperemos sean actores de propuestas futuras.

Y a fin de cuentas, ¿este demonio incomprendido no refleja lo que somos como sociedad?? ¿No somos esa mezcolanza incongruente de diversidades yuxtapuestas que convergen dentro de un entorno pacato y modernicionista que elude a una sociedad en transición, vulnerable, simplista, adormecida, pero a la vez opresora, vanguardista, sublime y como eje transversal inconformista y quejumbrosa en mayor o menor medida???? (lo cual para mí no tiene nada de malo, al contrario.)

Para concluir ahora sí, luego de varios intentos en estas reflexiones, me quedo con la siguiente idea: el Museo Nacional puede ser un festín, pero que en solitario y de un solo bocado, no es digerible....

¡Hasta la próxima MUNA!

12 de junio de 2018

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